COITOCENTRISMO. Y TÚ, ¿ TAMBIÉN TE LIMITAS ?

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El coitocentrismo, es la tendencia generalizada a considerar que si la práctica de las relaciones sexuales no culmina en penetración y orgasmo no son satisfactorias ni completas. 

Al hablar de sexo, la primera imagen que se nos viene a la mente es la penetración y todas las posturas posibles para llevarla a cabo (aunque luego siempre escogemos las mismas, pero ese es otro tema...). No obstante, el sexo es algo más, ¡tiene que serlo!; si no, nos aburriríamos de sota, caballo y rey toda la vida, nos estaríamos limitando.

Las habilidades requeridas para el desempeño sexual, se aprenden progresivamente, a través de 4 vías: la educación sexual recibida, los modelos sexuales a los que estamos expuestos, la experiencia y los valores de la sociedad que nos rodea. Sin embargo, en nuestra cultura, la educación sexual casi brilla por su ausencia, especialmente, en el ámbito formal; la única referencia sexual del adolescente es el porno (y su FICCIÓN) y la sociedad se refugia bajo un paraguas patriarcal que condiciona nuestras relaciones socio-sexuales. Todo ello nos expone a una serie de mitos bastante tradicionales y desfasados, algunos de ellos muy persistentes, que es hora de derribar:

  • La pérdida de la virginidad. La penetración vaginal ha constituido, y lo sigue haciendo, el centro de las relaciones sexuales. En cambio, son muchas otras las primeras veces que experimentamos y no cuantificamos: primera masturbación, felación, primera penetración anal, etc.
  • El fin de la sexualidad es la reproducción. Nada más lejos de la realidad, el sexo puede conllevar un embarazo pero no tiene por qué, su fin principal es el placer.
  • Sexo es igual a genitalidad. Asumimos esta dualidad de forma tan potente que, a veces, nos resulta imposible concebirlos por separado.
  • Desigualdad hombre-mujer. Nuestro sistema patriarcal marca el límite entre lo que está bien o mal y lo que se espera de nosotros en las relaciones sexuales, sobre todo, en función del sexo. A cada uno se le atribuyen una serie de roles y obligaciones. Así, el hombre tiene la responsabilidad de dar placer a la mujer para que, mediante el tamaño de su pene, llegue fácilmente al orgasmo. De lo contrario, se cuestiona su virilidad. En muchas ocasiones, esta presión hace que los hombres sufran ansiedad, acompañada de disfunciones sexuales (eyaculación precoz, disfunción eréctil...). Seamos realistas, ¿quién no ha oído...? el hombre siempre tiene ganas ¡ERROR!, la mujer siempre se implica emocionalmente en el ámbito sexual ¡ERROR!, el hombre es el responsable del placer femenino ¡ERROR!, la mujer no debe mostrar demasiado su libido para no ser tachada de guarra ¡ERROR!. En esta línea, encontramos una clara jerarquía de poder, donde la persona penetrada (mujer) es subordinada de la que penetra (hombre).
  • Nuestra referencia sexual es el coitocentrismo y, ¿qué significa eso? que una relación sexual se considera completa y satisfactoria siempre que el pene marca el inicio del coito (cuando está erecto) y su fin, cuando llega al orgasmo y eyacula mediante la penetración. El término coitocentrismo surge y empieza a cuestionarse en el S. XX, con la reforma sexual y feminista, el descubrimiento del clítoris y los estudios de Masters y Johnson sobre sexualidad y placer femenino.

Estas son las características de la sexualidad hegemónica y, el resto, es percibido como antinatural y enfermizo. Este prisma condiciona la libertad sexual, coarta el placer femenino, silencia nuestro potencial erógeno y empobrece las relaciones sexuales. Además, el culto al falo convierte a la sexualidad en estresante y poco creativa, pues supone una espera continua de la eyaculación masculina. De ahí, surge la necesidad imperiosa de proclamar una sexualidad con perspectiva de género, respetando los derechos y la plenitud sexual de todas las personas. Y, por eso, te damos 5 consejos para transformar tus relaciones falocéntricas en encuentros más divertidos, estimulantes y saludables, no meramente coitales:

  • Estimula todo el cuerpo de tu pareja, con caricias, besos, masajes, mordiscos... el placer nos llega por cada poro. Te recomendamos el slowsex, tómate tu tiempo, experimenta cada sensación, explora, juega, diviértete. El objetivo no es el orgasmo en sí mismo sino el placer y disfrute que genera la interacción entre ambos.
  • Olvida los premiliminares, no debes prepararte para después. El plato principal no es el coito, es el propio encuentro.
  • Cambia el entorno y la casuística. ¿Has probado a practicar sexo acuático? es otro mundo, ¿y con la menstruación? la sensibilidad corporal y las hormonas se disparan, ¿incluyes velas, aromas, música... a tu encuentro? aportan un extra muy interesante, ¿quizás en un lugar público? no hay límites.
  • Comunícate. Di en todo momento a tu pareja sexual qué te gusta, qué te excita, explícale cómo hacerlo. Aprended juntos. En ocasiones, nos preocupamos tanto por cómo se siente la otra persona, que nos olvidamos de nosotros mismos. Sé un poco egoísta (desde un punto de vista sano y positivo) y exprésate.
  • Introduce nuevos elementos: comida, pintura comestible, juguetería erótica, BDSM, petting, bailes sensuales... todos son bienvenidos.

Con ello no queremos demonizar la penetración, simplemente darle la importancia que merece, como una práctica sexual más, que resulta muy placentera pero que no es la única. Si nos abandonamos a la imaginación, las posibilidades son infinitas. El objetivo es ampliar nuestro repertorio y satisfacción sexual.

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